Llegamos a Kyoto. Hacía un calor insoportable y nosotros veníamos de Takayama, un pueblo en la montaña donde hacía bastante frío. El cambio nos golpeó, desde que llegamos yo ya estaba empapado.

Habíamos charlado sobre nuestras ganas de comer algo bien argentino. Viajamos todo el día y estábamos muertos, nos tomamos cuatro trenes para llegar a Kyoto y no habíamos comido nada. Había un tren que iba directo desde Takayama pero tocaba cuidar un poco la plata. Ahorramos bastante, pagamos tres veces menos de lo que valía el tren directo y como viajamos doce horas en tres trenes sin kiosco el gasto en comida fue cero. En los viajes pasa eso, un día gastas bastante de más y al otro día compensas. Ese día estábamos compensando, pero se hizo de noche y decidimos gastar sin culpa.

Íbamos viajando más de un año afuera de Argentina y no es lo mismo comer unas empanadas de carne cortada a cuchillo en cualquier bar de Buenos Aires que unos dumpling de carne en Beijing, o una milanesa napolitana de la Farola que un Chicken Schnitzel en el Warringah mall. No había comparación.

Ako y Keka, nuestros amigos, estaban en otro hostel a unas cuadras y todavía no estaban listos para ir. Les dijimos que los esperábamos ahí. Teníamos hambre y más allá de que la comida Japonesa era espectacular, ya nos salía Ramen por las orejas. Empezamos a caminar y mientras yo seguí buscando el lugar en internet para no comernos un chasco. Solo decía, “muchachos, comida argentina”. No había nada más, ninguna descripción, ninguna foto, reseña, nada. Teníamos 13 minutos a pie hacia una zona de la ciudad que no conocíamos.

Tardamos menos, después de diez minutos llegamos a muchachos. El local estaba fuera de contexto. Era una especie de cabañita de madera, sobre la avenida Nakadachiuri Dori, rodeada de edificios modernos, luminosos, muy altos. El logo del local era una empanada pintada con los colores de Argentina. Cuando lo vi, festejé en voz baja, apreté el puño de mi mano derecha y dije: “¡Vamos carajo!”. El nombre hacía referencia a la canción que todos, alguna vez, los argentinos le cantamos a nuestra selección de fútbol.

Antes de llegar, me había imaginado que nos íbamos a encontrar con un Argentino, probablemente ingeniero informático, que se había ido a trabajar a Japón en el 2001 después de la crisis, contratado por alguna empresa multinacional y había puesto su lugarcito de comida argentina para sentirse un poco en casa. Mi teoría fue cualquiera. 

Cuando llegamos había dos japoneses charlando, uno de ellos con la camiseta de Argentina, una gorra puesta que decía “campeones 2022” y un mate imperial lleno de yerba playadito (tenía un paquete sobre el escritorio) con la pendiente en noventa grados, impecable. Nos hizo una seña como que esperemos, que ya nos atendía y siguió hablando con el otro. Al toque se despidieron y se acercó. Nos saludó medio tartamudeando, con un español bastante bueno.

Nos alcanzó un menú grande, con la traducción en japonés, en español y en inglés. Había empanadas de carne, fritas, y fernet con coca, y una leyenda en los tres idiomas explicando que era la empanada.

“Fina masa de pan, hojaldre o masa quebrada, rellena con preparaciones saladas o dulces (carne, queso, verduras, frutas), doblada en forma de media luna y sellada, que se cocina al horno o frita”.

 

Pedimos tres cada uno y dos vasos de fernet branca, el argentino. El lugar estaba decorado con camisetas de Boca, de la selección, posters de Maradona y estampas de la Mona Jimenez, hasta había una gallinita con la B dibujada en el pecho que creo que fue lo único que no me causó tanta gracia. Además, sonaba de fondo música de misa y había un par de tablets colgadas en la pared, transmitiendo notas grabadas que le había hecho uno de estos periodistas de TyC, Belachur o Pelliccioni. La temática argentina estaba muy bien lograda. 

 

Un ratito después llegaron Ako y Keka, distraídos, pero cuando vieron todo lo que pasaba no lo podían creer. Seguimos charlando. Isamu nos contó que muchos argentinos lo visitaban desde que abrió el lugar y que su sueño era cocinar empanadas para Messi y la Mona, al que imitaba con movimientos idénticos de manos y cadera. También, mientras cocinaba cantaba “imposible” de callejeros, estaba como loco, “al fin va a decir la verdad el que escribe en los diarios” cantaba desaforado, completamente excitado.

 

De repente sentía que podía mirar la situación desde afuera y sonreía fascinado. Estábamos en Japón, comiendo empanadas y tomando fernet, en Kyoto, una locura. Las empanadas y el fernet estaban riquísimos, me sentía en Argentina, se sentía así, pero no, estábamos en Japón, y no podía dejar de pensarlo, y el confort era el de mi casa, me sentía en casa, pero no. Mi cabeza estaba ahí pero de repente me iba, sentía que entraba y salía de la escena, me sentía en una película, pero no.

 

Llegué a pensar en una discusión bastante pelotuda que tenemos con mis amigos a veces, cuando estamos borrachos, en la que planteamos la posibilidad de que Argentina entre en guerra, y de ser así ¿qué haríamos?¿iríamos a la guerra? Casi todos decían que no, que no tiene sentido, y citaban a Lennon, medio en joda medio en serio, hablando de un mundo sin fronteras, sin países. Otros decían que no porque nadie elige donde nacer, es una casualidad, nada más que eso, no era tan importante. Alguno que otro decía que si, obvio, sin tanto análisis, sin tanta reflexión, simplemente si. 

 

Intenté dejar de volar en mi cabeza, volvía a Japón, a Kyoto, a muchachos, a ese fernet y claro, pensaba, mirá este loco, este iría a la guerra seguro, sin dudarlo, era más argentino que yo, la única diferencia era que yo tenía el DNI. Él estaba haciendo patria, con patria ajena. Yo viví dos años en otro continente y solo cociné empanadas para mi cumpleaños. Isamu cocinaba empanadas todas las noches para japoneses, argentinos y otra gente del mundo, menos los domingos, que iba a pescar, se prendía un fuego y se cocinaba un asado. Nos mostró fotos. 


Descubre más desde Berrinche

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Respuestas a «#4. Isamu: bien argentino»

  1. adventuroustechnicallyb36b6a6f49

    Quiero probar unos mollejitas hechas por Isamu

  2. slowlyresilient6b9ae0c166

    algentino hasta la punta de la chota

  3. Olivia Goyeneche

    Que personaje el Isamu. Y aguante boka 💙💛

Deja un comentario

Textos más leídos

Descubre más desde Berrinche

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo