¿Decís que juega el próximo mundial? Preguntó Bauti apenas Messi hizo el segundo contra Argelia. Para mí le da. Parado, ahí adelante, tirando pases increíbles, pegándole desde la medialuna, olvidate, insistió. ¿Por qué no? Paraaa le contestamos todos.
Argentina va dos partidos y ahora me hago la pregunta yo. No dejo que me gane la ansiedad y escribo. Tratemos de disfrutar el momento.

¿Por qué creemos los argentinos que Messi es el mejor de todos? La respuesta rápida es que es argentino, que amamos el fútbol, que somos los mejores del mundo, y que endiosamos a nuestros ídolos. La respuesta es otra. No creemos que Messi sea el mejor de todos, Messi es el mejor de todos. Es el máximo talento que dio el fútbol.
El 11 de junio de 2012 Hernán Casciari convenció a todos de que Messi era un perro. Después de estos tres primeros partidos ratifiqué lo que siempre sospeché. Messi no es un perro. Messi es otra cosa. Quizás, algo así como un titiritero.
Para cualquier distraído, el titiritero es el que maneja las marionetas. Es la persona que les da voz y movimiento para contar una historia a través de un espectáculo. En sentido figurado le podríamos decir así a quien maneja a otros a su antojo, moviéndolos como si fueran muñecos sin que se note del todo quién tira de los hilos. Bueno, Messi es eso.
Ya no es como Totín, el perro de Casciari, que cuando veía la esponja enloquecía por llevársela a la cucha. Messi ya no desespera. La pelota se desespera por descansar abajo de su suela o por dormir en algún estante, de algún cuarto de su casa, después de inflar tres veces la red en un partido.
Quienes alguna vez lo criticaron decían que caminaba la cancha. Claro, porque no es un perro, ya no corre atrás de la pelota para agarrarla. Simplemente camina hasta que la pelota lo encuentra a él.
Es el titiritero, y hace lo que quiere con sus marionetas. Dirige los movimientos de todos los demás, que por más que quieran operar de manera autónoma, no pueden, como si unos hilos casi invisibles, atados a pies y manos, ordenasen un movimiento atrás del otro, mientras Messi los esquiva.
Cuando quiere, le regala la tapa del diario a los arqueros. Un simple tac a los hilos que tienen atados a las manos, y pegan un salto espectacular con el que tapan alguno de sus tiros, que casi siempre terminan en gol. De vez en cuando nos confunde. Y si, el arte del titiritero es hacernos creer que puede pasar algo fuera de lo calculado, lo premeditado, lo orquestado. Se deja atajar algún que otro penal, interceptar algún pase, o muy de vez en cuando hace alguna falta. Pero es una ilusión. El titiritero hace lo que quiere con sus marionetas, por más de que se muestre sorprendido o frustrado. Es mentira, no hay que sorprenderse. Messi no se sorprende y creo que ahora, nosotros tampoco.
Es que Messi emociona. Ya no sorprende, conmueve.
Mientras escribo esto, viernes de noche, día previo al partido con Jordania, repaso algunos hitos en mi cabeza, rápido. Los cuatro goles al Arsenal en Champions, el gol en el último minuto contra el Madrid en el Bernabéu, al Liverpool de tiro libre a treinta metros del arco, el gol de tiro libre a Estados Unidos en la copa américa del centenario, su jugada para el gol de Julián contra Croacia, o el gol a Nigeria en Rusia 2018, donde la para con el muslo izquierdo y define de derecha, arriba, a un palo.
En todos esos momentos invadía la sorpresa, el asombro, agarrarse la cabeza. Ahora, ya no sorprende. En los primeros dos partidos del mundial fue todo conmovedor, emocionante. Si, obvio, yo también lloré en la final del 22’. Esa final fue el desahogo, el fin de una angustia pesada por la negada gloria desde el 86’ y la posibilidad de que Messi se retire sin un mundial abajo del brazo. Pero ahora es distinto, sus tres goles contra Argelia y los dos goles contra Austria generaron algo distinto.

Lo de Messi es la síntesis de la mejor historia, de la forma mejor contada. Es el placer de estar vivo, a punto tal que verlo jugar estremece. Ya no sorprende, no hay asombro, simplemente es el arte de la repetición, de lo perfecto, de lo esencial, que nunca cansa y nunca va a cansar. Messi es ese atardecer que se repite muchas veces y nunca deja de alucinar, con los mejores tonos naranja, las nubes pintadas, el sol que no molesta a los ojos y los pájaros volando libres en el horizonte.
Messi es eso, lo que pasa, lo que no podes evitar, simplemente está ahí, y solo queda contemplar. No sé si no hay más palabras para Messi. Quizás al revés, quizás todas las palabras sean de Messi. Como el diccionario juega con trampa, Messi también. Es el dueño del fútbol, no hay manera de que sea distinto.
Solo quiere ganar y competir pero juega con la liviandad del que sabe todas las reglas, del que no necesita hacer trampa para sacar ventaja. Respeta las reglas y las interpreta mejor que todos. Un gol, dos goles, tres goles contra Argelia. Unas ganas de llorar. Penal errado contra Austria, recordando al mundo entero que no es de otra galaxia, que es de acá, de este planeta en el que estamos parados, se enoja, se frustra, parece que por unos minutos se apaga y no, camina y espera su momento, un gol, dos goles, llanto, quiero llorar, me emocionó, el grito de gol ya no es desaforado, ya casi no sale.
Abro los ojos, bien grandes, para no olvidar lo que vi, y que estas imágenes me acompañen hasta el final de mis días. Y de nuevo y de nuevo y cuantas veces más? Y le dan la pelota, aguanta y gira, y rodea a sus rivales, y tira un caño, le rebota a alguien y le cae a él, como si la pelota estuviera hechizada, buscando al mago, y el mundo se frena abajo de su suela, y hace el mejor pase de todos, el mejor amague de todos, la mejor corrida de todas, el mejor tiro de todos y de vez en cuando el mejor quite de todos, el mejor lateral de todos y el mejor pelotazo de todos. Es que Messi es el mejor de todos. El mejor lateral izquierdo y derecho, el mejor seis y el mejor dos, el mejor cinco, ocho, siete, nueve, diez, once, doce, uno. Donde juegue y cuando juegue, es el mejor.
Hace de derecha, de izquierda, de cabeza y de taco, y no de chilena porque no quiere. Con Messi no hay chance. Argentina es un gran equipo, Scaloni un gran técnico, todos juegan bien al fútbol. Probablemente Messi sin este equipo no hubiese ganado mucho, quizás algo. Ahora, este equipo sin Messi no hubiese ganado nada. Porque Messi es el ancho de espada, el falso, el siete de oro y de espada. Partido a partido, disfrutemos a Messi hasta el final de los días.





Deja un comentario