Sábado 30 de Mayo. Icónico cine Gaumont. Había sacado mi entrada unos días antes. No había ido al Gaumont. Estacioné a la vuelta. Caminé, llegué, retiré mi entrada y fui a la sala dos, “María Luisa Bemberg”. Me senté en una butaca, al fondo, con mi cuaderno de notas, se apagaron las luces y recién ahí, empezó todo. El silencio terminó y se abrieron los ojos del mundo.

Se estrenó en sala La Fuerza Invisible: Sierra Leona, un documental de contenido africanista y producción nacional, argentino. Quienes le dieron vida fueron Pedro Fernández Quiroga y Taio Gardey, que luego de varios años, en los que el documental recorrió el mundo -recibiendo premios y distinciones- cerraron el círculo. Así me contó Pedro.

¿Qué sabía yo? Me lo pregunté antes de que llegara el sábado. Sabía que quería escribir sobre esto pero no sabía con qué me iba a encontrar. La expectativa creció toda la semana. Siempre me interesó África. Pensé en ir de voluntario, pero siempre me frenó la misma pregunta: ¿por qué? Al final de la función, la respondí.

La Fuerza Invisible pone la mirada donde el mundo no presta atención, un mundo apurado, ansioso, vertiginoso, con el objetivo de escuchar y proyectar testimonios en primera persona, crudos, duros, reales.

La Fuerza Invisible es un intento de comunicar de manera justa, y a través de los mensajes, visibilizar y alimentar una perspectiva más solidaria del mundo”. Dice Pedro.

En 1991 tuvo lugar una de las guerras civiles más sangrientas de la historia. Una guerra injusta, no elegida. Con el objetivo de abrazarse a los diamantes, participaron: el gobierno local, Liberia, Europa y Estados Unidos. Terminó doce años después, dejando sin vida a más de setenta mil personas, y provocando que más de diez mil niños y niñas fuesen usados como soldados. Algunos años más tarde, la epidemia del Ébola golpeó al país.

La sonrisa de quienes caminaron el infierno, da testimonio vivo de lo que es imponerse a la adversidad, cuando parece no haber razones para sonreír. Con eso se encontraron Peco y Taio, y eso es lo que inmortalizaron a través de La Fuerza Invisible.

El hilo de la obra se desarrolla en tres escenarios específicos: la capital, Freetown, la comunidad de Tormabum en el sur y la comunidad de Madina, en el norte del país. 

Esos son los lugares que a través de relatos que conmueven, reflejan la realidad de un pueblo entero que logró romper la violencia y la indiferencia con la única fuerza capaz de hacerlo, el perdón.

La Guerra Civil arrasó con todo. Antes del infierno, Sierra Leona vivía otra realidad. El turismo era testigo de la belleza de sus playas y la educación era un pilar central. La alcaldesa de Freetown, Yvonne Aki-Sawyerr, cuenta que a partir de la guerra muchos profesionales, profesores e investigadores emigraron, el desempleo creció exponencialmente y en las calles, los jóvenes, quedaron vulnerables a ser los primeros invitados al mercado de la violencia, el único mercado disponible en ese momento.

Los testimonios muestran la vida de algunos que sufrieron la peor cara de la humanidad. Explican cómo es haber nacido en guerra y crecer en contextos de violencia. Secuestrados por grupos rebeldes que mataron familias enteras, huérfanos, sin saber dónde ir, niñas y niños obligados a prostituirse, o a matar, o a violar. Vivir desesperados era la norma y los testimonios lo reflejan de una forma tan clara y con tal paz, que retuerce el corazón. 

Me anoto en mi cuaderno: Esos mismos jóvenes, que hoy tienen 26, 27 años —la edad que tengo yo— son hijos de la guerra.


Cada escena y cada testimonio está pensado perfectamente, con el fin de lograr el objetivo: comunicar a través de una obra audiovisual, de la forma más pura, sincera y honesta la vida de una comunidad entera, a partir de las subjetividades de quienes la conforman, y de la mirada conjunta que intentan construir.

Lo individual y lo colectivo

Otra de las notas en mi cuaderno fue: individuo o colectivo. Repasando lo que había anotado, pensé: podría ser individuo y colectivo. Las dos cosas.

Me da la sensación de que todo discurso que encuentra tensión entre lo individual y lo colectivo permea bien hoy en día. Como si hubiera una relación naturalmente conflictiva. Como sí lo colectivo quitase la condición de individuo, como sí la individualidad expulsara de lugares colectivos. 

La fuerza invisible rompe con esta lógica de una forma tan orgánica que conmueve. Todos los testimonios hacen hincapié en la fuerza del individuo para soportar una vida llena de reveses, y salir adelante. Así es el testimonio de un joven sierraleonés que cuenta haber estado en la cárcel -que describe como el mismo infierno-, sin haber cometido ningún crimen. Al salir, cuenta que recibió un consejo que cambió todo: “Hay vida, si te das el tiempo para construirla. Sos el capitán de tu alma, para triunfar en la vida. El éxito está en tus manos”.

“El poder de cambiar tu vida está en vos. Lograr cualquier efecto en el mundo depende de vos. Ni de tu padre, ni de tu madre, ni del gobierno. Si fracasas, sos vos, si triunfas también. Levantate y empezá a hacer algo por vos mismo”.


También, el documental trabaja la fuerza de la comunidad, de lo colectivo como espacio de formación de identidad, transmisión de valores y de trabajo en equipo para lograr objetivos comunes. Se puede percibir la fuerza invisible de una sociedad entera que de manera mancomunada sigue adelante, obrando de acuerdo a la solidaridad, el respeto y la paz.

“Sierra Leona es una usina de estas enseñanzas. La solidaridad extrema, después de una guerra civil de 11 años, perdonarse de la forma en que lo hacen, sin rencores, es algo muy valorable”.  Dice Peco después de haberlo experimentado ahí, en territorio.

El perdón como fuerza creadora

Le pregunté a Peco ¿cuál fue la razón central del proyecto? 

“Hurgar, conocer historias que no se conocen y descubrir desde el plano humano, como funciona la sociedad mundial en la que vivimos. Esa es la nafta que a uno lo mantiene activo”.

La Fuerza Invisible busca mostrar lo valioso de abrir los ojos un poco más y poder contrastar el contexto y la sociedad en la que uno nació, se crío y creció, con otros contextos que conforman el mundo que todos habitamos. En Sierra Leona encontraron el perdón.

El perdón como fuerza creadora, como fuerza de reconstrucción. La capacidad de perdonar lo más terrible, la guerra, la crueldad, y hacer de la necesidad imperante de no repetir la historia, un consenso inquebrantable. La Fuerza Invisible pone el foco en contar la historia de la forma más sincera posible, en brindar un relato fiel del sentir de una comunidad entera.

En Madina, uno de los epicentros de la guerra civil, los testimonios reflejan lo que es capaz de generar el perdón como fuerza creadora, la reconciliación. Ahí, Peco y Taio lograron construir, en mi opinión, la conclusión y la reflexión más potente.

La reconciliación, a través del testimonio de un ex general de las fuerzas rebeldes, y el testimonio de un joven capturado por los mismos, obligado a ser un niño soldado. Ambos contando al mundo entero, con el corazón en la mano, su historia y los horrores de la guerra. Pero aún más importante, la capacidad de perdonar, de entender que no hubo ganadores, solo perdedores y que Sierra Leona hoy vive en paz. Gracias a eso, a la reconciliación.

Documentar para volver y volver para devolver

La Fuerza Invisible parte de la premisa de «promover una comunicación justa, que no sea simplemente la mirada del documentalista sino un abrazo entre esa mirada y la percepción real de los protagonistas», cuenta Peco.

Volver para devolver la obra. Algo así imaginé cuando escuché la respuesta. Un acto de justicia, historias prestadas y la devolución de un documento sincero, sin más pretensión que mostrar una historia real, contada por sus protagonistas.

«Volver es mi momento preferido de hacer documentales. Volver a compartir con ellos, que nos regalaron su tiempo, sus vidas, sus historias, sus relatos, para que nosotros pudiéramos darle forma a La Fuerza Invisible». Dice Peco.

Volver para devolver y de alguna forma brindar un argumento más, un aliento más y un voto más a la causa. Visibilizar lo ignorado y seguir alimentando esa Fuerza Invisible que hace única y valiosa a la comunidad.


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