Cuando tenía 12 años estaba perdida e irreparablemente enamorada de Justin Bieber. Corría el 2011 y el cantante canadiense era un fenómeno mundial, estaba de gira con su primer disco My World y en los noticieros hablaban de la “Bieber Fever”. No había persona que no supiera quién era, desde las calles de Manhattan hasta el pueblito más recóndito de Sudáfrica. A partir de su fama surgieron dos bandos: las fangirls y los adultos que lo detestaban. Pero lo cierto es que todos sabían de su pelo, del color violeta, de su hit del momento Baby y del efecto que estaba teniendo en todo el mundo.

 

Debo haber dicho incontables veces que Justin Bieber fue mi primer amor. Muchas de ellas en forma de chiste cuando me encuentro haciendo stand up frente a gente que apenas conozco, pero sin quitarle verdad a la afirmación. Hay algo genuinamente mágico en tener 13 años y amar incondicionalmente a una celebridad. En medio de una revolución hormonal aparece un chico lindo en YouTube que canta canciones de amor. ¿Cómo esperan que reaccione?

 

Posters en la pared, corridas a Musimundo para encontrar un CD, mis papás completamente hartos de escuchar hablar de lo mismo una y otra vez y de poner plata para seguir alimentando esa obsesión.

 

Todavía recuerdo cuando visitó Argentina por primera vez, su hotel estaba rodeado de fanáticas que querían verlo y lloraban desconsoladas. Yo miraba la escena con mi papá en el noticiero. “Qué boludas, por Dios, yo me llego a enterar que estás haciendo algo así y te rajo de una patada en el culo”. Yo me moría de ganas de estar ahí, pero tenía 12 años, las opciones logísticas eran bastante limitadas.

 

Lo que siempre me resultó gracioso es que cada fenómeno cultural que revoluciona a las adolescentes (y uso el femenino a propósito) termina siendo automáticamente ridiculizado. Las fangirls son uno de los grupos más despreciados del ecosistema cultural. Pero son, justamente, las que construyen la cultura ¿Cómo puede tener más sentido ridiculizar a una chica de 13 años con una fantasía que a un tipo de 40 que se ríe de ella? 

 

Creo que el fanatismo es un ritual casi necesario en la vida de una mujer. Es el último contacto con la inocencia antes de la adultez. Es la síntesis entre la fantasía y el anhelo, el momento en que empieza a formarse el deseo.

 

Cuanto más leo sobre esto, más ejemplos encuentro. Los gritos, las filas, la colección de merch, la necesidad de conseguir aunque sea el contacto más mínimo, son escenas que atraviesan generaciones. De hecho, el primer registro de algo parecido a las fangirls nos remonta a 1844, cuando el poeta Heinrich Heine inventó la palabra Lisztomania para describir la histeria que se desató en los recitales del pianista húngaro Franz Liszt. Los médicos de la época hasta lo explicaban como una especie de estado mental maníaco, provocado por una “fiebre contagiosa”.

 

Algo bastante parecido pasó con Frank Sinatra. El 12 de octubre de 1944 se juntaron más de 30 mil fans (se las llamaba bobby-soxers) en Times Square y no sólo bloquearon el tráfico sino que rompieron vidrieras mientras esperaban a que el cantante volviera al Paramount Theater. Ese día quedó registrado en la historia como el nacimiento de la cultura fan moderna. 

 

Con el paso del tiempo, los casos cobran cada vez más intensidad. En los años 50 entra en juego Elvis Presley, símbolo de liberación sexual y rock and roll. Recordemos que la mayoría de los discursos sociales suelen estar curados para mantener cierto control social, más aún cuando se trata de las mujeres, y ni hablar en la era de las trad wives, obedientes y serviciales a sus maridos. ¿Cómo no va a haber una reacción negativa cuando empiezan expresar su propio deseo, a pensar el sexo en relación al placer y no a la maternidad? ¿Como las fangirls no van a tener una mala reputación si iban en contra del orden establecido?

 

Todos estos episodios culminaron en la Beatlemania, la bomba atómica de las fangirls, el verdadero antes y después. Ellas rompieron con absolutamente todo. Para 1963 la banda ya había vendido más de 12 millones de copias de I Want to Hold Your Hand y generado alrededor de 50 millones de dólares en merchandising. Un año después, su primera aparición televisiva estadounidense en el Ed Sullivan Show fue vista por más de 73 millones de personas. Lo curioso es que los Beatles fueron originalmente menospreciados por ser una boyband que sólo apelaba al público femenino. Hoy muchos adultos te los mencionan cuando quieren discutir sobre “música real”, pero en los años sesenta nadie parecía demasiado interesado y hasta se los criticaba por su audiencia. De hecho, hay un famoso artículo de la época, escrito por el periodista Paul Johnson que se refería a sus fans como “las menos afortunadas de su generación: aburridas, ociosas y fracasadas”. 

 

Nótese cómo absolutamente todos los cantantes mencionados terminaron siendo reconocidos como grandes íconos de la música, cuando en su momento eran minimizados justamente porque su público principal eran mujeres adolescentes. Es como si sólo pasaran a ser tomados en serio en el momento en que dejan de ser asociados a ellas, a pesar de que son ellas mismas quienes les dan la plataforma desde el principio. Ellas crean el hype y los ponen en el mapa.

 

Esto también se ve en Taylor Swift, quien tiene un factor extra, porque no apela al deseo de las adolescentes. Ella juega con otras cartas: el relato de la experiencia femenina, el amor y desamor, y el sentirse identificada con sus letras. Con el Eras Tour (gira que se convirtió en la más taquillera de la historia superando los 2 mil millones de dólares en ventas de entradas) ella creó una comunidad, un espacio seguro de disfrute, donde sus fans iban disfrazados e intercambiaban los tan icónicos friendship bracelets. Pero cómo todo lo que es amado por un público mayoritariamente femenino, del otro lado se encuentra el resentimiento de quienes “saben mejor” y hablan de Taylor Swift como una cantante mediocre que no sabe bailar y cuyo éxito no se explica. Pero nunca lo van a entender. Uno de mis recuerdos favoritos de la vida es estar de la mano con mi mejor amiga, escuchando en vivo una canción que nos marcó por distintas vivencias que atravesamos, llorando desconsoladamente, mientras el aguatero nos decía que nos íbamos a deshidratar. Éramos nosotras y ella y otras 80 mil personas.

 

Hay algo muy reconfortante en compartir una vivencia con chicas de 13, 16, 25 y 30 años. El contacto con la niña interior es algo sagrado, más aún cuando la podés ver al lado tuyo y hasta intercambiás una pulsera. Eso es lo hermoso del fanatismo femenino: rompe cualquier barrera etaria en un micromundo que se siente como un abrazo.

 

Hace unas semanas me gané un par de entradas para ver a Chayanne en el Movistar Arena Buenos Aires. Fuimos con mi prima sin saber qué esperar: conocíamos los hits y teníamos ganas de bailar un rato, así que nos compramos unas birras y nos sentamos a esperar.

 

Lo que no me esperaba era salir completamente conmovida. El público eran todas señoras, llevaban rosas y carteles. Las vi bailar, gritar y llorar por un artista que lleva más de 45 años de carrera. Él les bailaba y les coqueteaba (hasta subió a una fan al escenario y bailaron bachata). Yo las veía morir por él y le decía a mi prima: “Es que es su Justin Bieber”. Días después charlando con mi mamá me dijo que, de haber podido ir, ella también habría llevado su rosa y seguramente habría llorado.

 

Me emociona pensar que ese amor no muere nunca. En mi mamá y en esas señoras siendo jóvenes, fantaseando con Chayanne. En mi yo de 13 años, que se ilusionaba con que Justin Bieber capaz podría amarla algún día. Me emocionan las mujeres de la década del 50 que empezaron a expresar su deseo y las fans de los Beatles que los recibían en todos lados. La realidad es que no hay nada cómo el primer amor y que ser fangirl es para siempre.

 

Qué lindo es que, a partir de algo tan puro, inocente y humano, se construya cultura. Por más ridiculizado que esté, el tiempo siempre nos termina dando la razón. Las pocas que lo entienden se llevan consigo una de las experiencias más lindas que existen. Espero que sepan el impacto que tienen también.


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Respuesta a «El poder subestimado de las fangirls»

  1. slowlyresilient6b9ae0c166

    muy bueno Yofiufko!! me encanto. yendo a comprar el album de sabrina carpenter…

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