En la Argentina, la comunidad no es un concepto que se toma a la ligera. El sentido de pertenencia está en nuestro ADN: esa necesidad de pertenecer a algo más grande que uno mismo, de anclar la identidad en un lugar físico, en una historia compartida, en el amor colectivo por una figura, un espacio, un club. No es un lujo. Es una forma de sobrevivir.
A partir de esa necesidad surgen las historias de amor más extraordinarias.
Amor y mercado, escrita por Magdalena Negro y Samir Carrillo y dirigida por él mismo, es una historia de amor. Sigue a un grupo de personas que integran La Fauna, un club del barrio de Saavedra que está a punto de cerrar por problemas administrativos y falta de plata. El club es su mundo. Y la amenaza de perderlo no es solo económica sino existencial: ¿quiénes son ellos si La Fauna deja de existir?

La obra es cómica en la torpeza de sus personajes pero también desgarradora en lo que sucede por debajo: la idea de que hay lugares que son, literalmente, todo lo que uno tiene. Los integrantes del club tienen sentimientos enormes, sueños genuinos, un amor desmedido por lo que son y por el lugar al que pertenecen. Lo que los mueve es eso, el amor, porque todo lo demás conspira en contra. Argentina en los noventa, crisis económica, desempleo en subida y recortes por todos lados. El desafío de mantener un club barrial con vida parece casi imposible.
En la inocencia de sus personajes está la resistencia. Y en esa resistencia la obra se luce en su comedia: planes insólitos y desesperados para cuidar lo propio, descabellados, que rozan lo criminal pero que no pueden llevarse a cabo por la ingenuidad misma.
Hay algo que la obra retrata a la perfección: en los momentos de crisis, lo primero que se cierra son los espacios como La Fauna. Los clubes de barrio, los centros culturales, los lugares que no generan lo suficiente según la lógica del mercado. Y sin embargo son exactamente esos espacios los que te mantienen con un cable a tierra cuando todo lo demás es angustia. La Argentina de los noventa es el telón de fondo de la obra, pero la pregunta que deja es completamente actual. ¿Cómo se cuida lo que no tiene precio?
Lo que hace que Amor y mercado sea algo más que una comedia es la metáfora de la obra en sí misma. Es teatro independiente hecho a pulmón, por un grupo de actores que construyeron esta obra en el mismo tipo de espacio que la obra defiende. El amor que los personajes tienen por La Fauna se transmite porque es real y viene de un lugar real. En cada escena se nota que los actores no están representando el amor por una comunidad, lo están trayendo de algún lugar propio.
Fui a verla un sábado a las diez y media de la noche en el Kairos, la escuela de teatro donde nació esta obra. Salí del lugar pensando en los espacios que me formaron. En los que siguen de pie y en los que ya no están. El mensaje de Amor y mercado es contundente: la comunidad no se sostiene sola, hay que elegirla, hay que cuidarla. Estos espacios existen porque hay gente que decidió que valían la pena.
La obra termina, y uno sale con esa pregunta: ¿estamos haciendo lo mismo?






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