Este año, el objetivo es no romper nada. Ya estoy harto de romper, aunque a veces sea necesario, inevitable. No rompas más los huevos hijo, me decía mi Mamá cuando jugaba a patear la fevernova del mundial 2002 contra la pared. De zurda y de derecha, casi como una premonición de lo que iba a estudiar y los autores que me gusta leer. De izquierda o de derecha, que rico y diverso es el mundo y que belleza, por un rato, no romper nada.
Hoy: La valentía de elegir.
Me subí al auto de mi vieja. Me lo prestó para ir a lo de Manu, mi mejor amigo. Conecté mi celular al bluetooth y puse una canción. Estaba contento, alegre, sin razón puntual. La canción era una de esas con las que me fanatizo por unas semanas, varias veces al año. El día fue hermoso. Ya casi eran las ocho y la luz se iba de a poco aunque aún se veía todo. Noche de verano, temperatura perfecta, se respiraba paz, tranquilidad, como si nada pudiese salir mal. De hecho, nada salió mal.
Durante las primeras tres cuadras escuché la canción hasta que me llamó Abril. Hablamos un toque, poco tiempo. Me preguntó algo sobre una campera que yo le había regalado en China, en Beijing, en el barrio 798, un lugar increíble donde fábricas militares del 50, fueron relanzadas como galerías de arte contemporáneo, cafés de especialidad y locales de ropa vintage. Si, en China.
Abril estaba triste, no la encontraba por ningún lado. Yo estaría igual, pensé. Y si, la campera está buenísima. Al final, la encontró unas horas después. Terminamos la llamada y volvió a sonar la canción desde donde había quedado.
Manejar y escuchar música para mi es un placer de la vida. Es de las pocas cosas que puedo hacer a la vez sin empeorar sustancialmente mi performance. Además, te exime de tener que prestar atención a tu celular, de contestarle a tu jefe pesado que pretende que estés 24/7 conectado, como si al mundo le importara siquiera un poco el problemón que hay que resolver y no puede esperar hasta mañana. Manejar es la excusa madre.
De repente, algo me había incomodado. La canción retomó desde donde había quedado. Fue eso y una moto que me pasó por la derecha justo cuando estaba por doblar.
A mi no me gusta que el arranque de la canción sea cerca de la mitad. Es por algo las canciones tienen un comienzo, un desarrollo y un final ¿No? Que mal humor que me ponga de mal humor. Pero si, las canciones están hechas con un orden impreso por el artista, orden que no tiene sentido alterar y menos aún si es un artista que te gusta.
A mi, definitivamente me gusta escuchar las canciones de corrido. Seguramente esto ya lo sabía, pero uno nunca sabe hasta que lo piensa, hasta que asocias eso que pensaste con lo que te acaba de pasar. En ese momento lo pensé y fue clarísimo.
La incomodidad duró poco. Me di cuenta que solo necesitaba un poco de valentía para elegir. Y mirá si no elegí. Fue fácil pero me costó asumirlo. Simplemente tenía que poner de nuevo la canción. Que lindo es elegir, por dios. Que lindo es elegir lo que se te cante las pelotas sin que te importe un pito lo que piense cualquier boludo cerca tuyo. El primer boludo es uno, ese es el más peligroso.
Después de eso, escuché la canción cinco veces más.






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