Hola desde Walgett, estado de Nueva Gales del Sur, Australia. Les mando la ubicación por si a alguien le da intriga saber dónde queda esto: coonong.
Esta columna, entrega, newsletter, no es lo que prometí en Septiembre del 2024, cuando empecé.
En el nacimiento de todo esto el objetivo era informar sobre política argentina a viajeros curiosos por saber lo que pasa en nuestra querida patria. Eso fue mutando, y a pesar de que hay un carácter informativo en estas líneas, ese dejó de ser el eje central.
Hoy: Notas, humo y pensamientos políticos desde Walgett.
Sin tanto tiempo para escribir, les suelto mis notas encima.
Con Abril, nos fuimos de la costa este hacia la west coast, hasta llegar al corazón del outback australiano. Si vas a la ubicación que dejé ahí arriba y haces un poquito de zoom, te vas a dar cuenta de que estamos bastante entrados en el desierto.
¿El trabajo? un poco de todo. Arreglando caños que conectan bebederos para los animales, moviendo vacas, ovejas y cabras de un lado a otro, arreglando alambres rotos para que no se mezcle el stock y cuidando el trigo, los garbanzos y el sorgo sembrado hace un par de meses.
Las mañanas son frías, casi heladas, las noches también. Durante el día un calorcito agradable. Llueve poco, el sol se asoma a saludar todos los días y en las noches las estrellas son un espectáculo.
Volvimos al campo. Trabajamos acá, durante unos meses, un par de años atrás. Sigue siendo algo distinto a lo usual en nuestra vida. Tan distinto como interesante. Ver y entender un poco más como funciona el mundo agrícola ganadero en otro país, con lo que significa la cultura del campo para nuestra patria, es al menos curioso.
Voy escuchando Atahualpa Yupanqui, andando por los llanos y la emoción que me genera es plena. Es como si me sintiese en casa. A tal punto que a veces freno a fumar un puchito y observar. Observo, la inmensidad del desierto, nada más.
Fumar, fumar y pensar, sueños envueltos en humo, y eran humo nada más.
Cada vez que pasa algo acá pienso en allá. Pienso en argentina y en su pampa húmeda. Pienso en esos pueblos que alumbran los llanos y en la potencia de nuestro campo, de nuestra tierra.
Alguna vez, alguien dijo que Australia y Argentina eran comparables en alguna cosa. Aunque ese mismo dijo que Argentina era el alumno desobediente y Australia el aplicado.
No lo sé, según varios el punto de inflexión es la crisis del 30. El reino unido dejó de comprar carne y cereales de Argentina y priorizó Australia y Canadá (Commonwealth). Ahí argentina sale del club selecto de futuro país desarrollado. En cambio, Australia entra.
Les cuento algo que me pasó unos días atrás.
Escuché al dueño de la granja hablando por teléfono. Hablaba en inglés, lógico. Charlaba con alguien la posibilidad de hacer un «deal» en referencia a algo de la siembra. Le estaba proponiendo un acuerdo a alguien.
Sin mucho argumento a mi favor, me dio la sensación de que ese deal, ese acuerdo, escondía algo por debajo. Como si le estuviese proponiendo algo ilegal. Esa fue la sensación que me dio, a pesar de que no hay nada que indique que mi sensación se alinee con la realidad.
Lo que importa no es eso, sino que esa conversación me trajo un recuerdo escondido en la memoria.
Hace años, este amigo me contó que un fulano, amigo suyo y familiar de alguien del gobierno, tuvo un lío con el pasaporte y una visa en un país del sudeste asiático, no lo dejaban entrar. Error suyo. Desde la embajada argentina no le pudieron resolver nada. Al final llamó a su familiar, y en minutos, todo arreglado.
Acordarme de esa charla me dejó pensando un rato. Lo que pasó, de primera me hizo pensar:
qué bien, qué bueno que lo pudo solucionar.
Pero al toque pensé:
qué loco, si hubiese sido yo, me hubiese tenido que ir; no hubiese podido entrar jamás al país. Me hubiese gastado una tortade plata en un nuevo pasaje.
Así, como cualquier argentino —la mayoría— que no goza de un vínculo familiar en el poder político.
Cosas así, suceden a menudo. En Argentina… que las empresas de tal funcionario brindan servicios al estado, que el hijo de otro funcionario es dueño de la empresa de frutas que abastece la oficina de otra empresa estatal, que las coimas, que los sobreprecios, que las escuchas ilegales, que esto que lo otro.
También pensé en la cantidad de influencias que muchas personas usan en la vida social, que rozan lo irregular o lo no ético. ¿Es un delito que este muchacho haya usado la influencia política de su familia para resolver una situación particular? No lo sé, pero al menos es injusto para todos los ciudadanos argentinos que no cuentan con ese tipo de influencias.
No es demonización. Al revés. 9 de cada 10 usarían ese contacto. La vida está plagada de esas situaciones, dónde por contactos, relaciones, vínculos, nos vamos poniendo o sacando de lugares.
Zoon politikon, como dijo Aristóteles. Animal político, animal social.
Es que por más de que los años hayan pasado, la historia siga y los actores de la película cambien, como dijo Enrique Santos Discépolo:
«El que no llora no mama y el que no afana es un gil» Cambalache.
Y si, hay algo de eso presente hoy en día, a pesar de que la canción es de 1934.
A la luz de estas líneas y de cara a las próximas elecciones legislativas en Argentina pasó algo insólito. Tan insólito como poco sorpresivo.
Estas cosas que suceden por debajo de la superficie, que pasan como agua, estas cosas que rozan lo ético y entran en tensión con las reglas, cosas bizarras que pasan a ser anécdotas pintorescas de la historia.
De ese tipo de anécdotas pintorescas fue lo que pasó sobre el cierre de listas para las elecciones legislativas de Buenos Aires.
Se cortó la luz, en tres edificios clave de la legislatura dándole una mágica prorroga al peronismo, que a los sillazos logró hacer el cierre de una lista de unidad.
Si, el peronismo hoy no puede adaptarse a la demanda de su electorado, y esa casta que se pelea por un puestito ya ni siquiera es denunciada por el más gorila de todos, sino que es denunciada por cualquier comunicador peronista en cualquier programa de streaming.
¿Por qué la militancia sigue confiando en una doctrina que ni sus líderes pueden honrar?
Bueno, CFK está presa y como diríamos de cualquier club, la doctrina es más grande que los jugadores.
Todos unidos triunfaremos, dice la marcha. Separados, hoy, no parece que vayan a triunfar.
Hay mucho de virtuoso en encontrarle salidas a los problemas pero el choque inevitable con las reglas es central, por lo menos para el funcionamiento sano de la democracia.
La frases «roban pero hacen» o «prefiero uno que robe pero al menos haga algo» son conocidas en Argentina. Quizás no porque la sociedad en mayoría adhiera, pero si refleja cierta tolerancia que alguna parte de la sociedad ha tenido y tal vez aún tenga ante la corrupción, a la hora de elegir política en elecciones.
El ejemplo más reciente es claro, hay una parte de la sociedad argentina que sigue apoyando a CFK, incluso sin creer que sea inocente. Hay algo ahí, una mirada blanda hacia el hecho de si un funcionario público es o fue corrupto, como si no fuese determinante.
Ahí empieza otro problema, porque la justicia es cuestionable o al menos cuestionada en Argentina, al punto de ya no saber ni que creer. En general estamos en momentos de confusión colectiva. Nadie parece tener muy claro que creer.
Hoy desde un lado o desde el otro, ¿Sistema judicial? Corrupto ¿Antes de la condena a CFK? Corruptos por no condenarla ¿Después de la condena? Corruptos por hacerlo ¿Antes de Milei? El sistema político corrupto ¿Después de Milei? veremos.
Es interesante que en Argentina hay claramente dos planos en los que suceden cosas. Lo que pasa en la superficie y lo que pasa por debajo.
Podemos discutir si el proceso judicial que dejó como saldo la condena a Cristina nos parece justo o no. A lo que voy, es que de eso podemos hablar todos.
Mi jefe australiano acá en el campo me lo mencionó el otro día, lo hablé con mi viejo, está en los medios y en internet. Lo que pasó está en la superficie.
Sobre lo que pasa por debajo de la superficie, ni idea. Todos sabemos que pasan cosas pero las obviamos. De hecho, quizás mejor ni escarbar, y la realidad es que aunque quisiésemos hacerlo, ¿por dónde empezar?
Hace unos días terminé la serie Menem. .
¿En la serie? personajes ficticios, no aspira a ser documental pero si muestra entre otras cosas, el arte de gobernar de aquél showman inmerso en la dinámica de «tranzar», de negociar, de intentar satisfacer a todos y todas las demandas.
Así, esa forma de hacer política en Argentina, siguió y siguió. Echó raíces tan fuerte que hasta lo naturalizamos.
Milei, es sin dudas una respuesta a esa dinámica que parece agotada. Es el síntoma de la crisis de representación política en la que la sociedad ya no cree en nadie. Se dijo hasta el hartazgo.
Ahora, la nueva incógnita es, después de año y medio de gestión, si la sociedad va a ratificar el orden de prioridades que cristalizó en el voto a Milei.
Cuando ganó, hubo una sensación generalizada de: ahora sí, el hartazgo es total y no hay vuelta atrás (aún más luego de la experiencia macrista).
Ahora salen las primeras encuestas de cara a las próximas elecciones y la lección es que en política nunca hay que dar nada por terminado, nuevamente. La sociedad no opera como una foto sino como varias. A veces, como una secuencia de memes.
El olvido es hijo del tiempo, y la realidad es que lo que más importaba ayer, deja de importar mañana.
Quizás cuando ganó Milei, la sociedad exigía un freno a la «casta».






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