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Hola! ¿Cómo estás? Hoy estoy un poco apurado, así que nos saquemos rápido de encima esto. 

Escribo a las 16:51. Horario laboral. De esos que se estructuran tendenciosamente de 9:00 am a 18:00 pm con almuerzo de una hora. En el medio y por fuera de ese largo recorrido para acceder a un sueldo mediocre, aunque en esta Argentina se le diga a eso sueldo medio, tengo otros trabajos. No es una novedad. En el lugar en el que trabajo es casi mala palabra decir que, arriesgo, el 80% de los que estamos ahí, tenemos otros trabajos aunque sea un elefante en la habitación -el otro 20% lo componen personas que viven con sueldos de otros y los jefes, todos hombres-. En este caso la habitación es el piso 30 de una torre en retiro y el elefante es que nadie puede vivir con lo que paga ese lugar y, sin embargo, seguimos ahí, vivos. 

Es también el principio de la explotación: vivir con lo que no alcanza para vivir. Que por estos días se conoce como emprendimiento y se materializa con la expansión de una jornada laboral diversificada, por no decir caótica, donde los roles se mezclan pero el cuerpo es el mismo. 

Esa es la realidad de un porcentaje de la gente que habita este suelo bendecido por Maradona. Una realidad muy buena si la comparamos con la cantidad de compatriotas que no acceden a un trabajo ni a sueldo alguno. Por supuesto que eso duele más, pero una cosa no soluciona la otra y tenemos, por lo menos, dos problemas. 

Vamos con unos datos del último año: el asado sale entre 12 y 15 lucas el kilo. Un salario promedio en Argentina es de 900 lucas. En 2023 el asado salía luquita y media y el salario promedio era 200 lucas. Mi sueldo antes podía pagar 17 veces los servicios del lugar en el que vivo. Ahora lo puede pagar 8 veces. Hay más de 200.000 trabajadores activos menos que el año pasado. Puedo seguir, no hace falta. 

“Una Argentina de trabajadores con salarios miserables, podrá enriquecer a unos pocos, pero labrará segura y fatalmente su propia ruina” dice el general y remata “bajo la pesada carga de un egoísmo individualista y absorbente, los humildes deberán buscar en la asociación y en la fuerza de los organismos del estado la protección del derecho a vivir en dignidad”. Tweet de apreciación al general. 

Acá, en este tiempo, existe un imaginario revolucionario: si te esforzas no necesitás a nadie para vivir en dignidad. Y tenemos formas de fantasear dignidad cuando no la hay porque toda escasez genera una construcción ilusoria, una llegada sin camino. 

Podemos hablar de los Masivos, pero me interesan poco. Podemos hablar de los emprendedores, los freelancers, los nómades digitales. En fin, nombres que varían según el status. Entre paréntesis, los Masivos están dando la vuelta y van a ser sentido común más temprano que tarde. Y nos van a convencer de que hay que convencer, de que no son unos forros porque son gobierno, de que hay que ir a buscarlos. 

No depender de un trabajo de 9 horas para vivir es una revolución, definitivamente. Y tenemos muchas formas para entrar en esa, según lo que sea aceptable en tu barrio. Si te parece políticamente indigno optar por un Masivo, optás por largar la relación de dependencia para tener tu kiosko, aunque no lo digas mucho, porque no da. O no largás pero esa es tu ilusión, pero sos cagón. Soy cagón. 

Y es cierto también que parece un privilegio en este contexto, tener un trabajo, poder sostener un alquiler, comer todos los días. Parece un privilegio pero forma parte del mismo problema: dejar a criterio individual qué es vivir en dignidad. Por ahí falta eso. El general definió qué es vivir en dignidad. Por ahora, todo lo contrario a lo que nos entrega el trabajo hoy, en todos los niveles y sectores. ¿Es tener un Rolex? ¿Es trabajar 14 horas para una app? ¿Es tener un trabajo en blanco y freelos por fuera, que te hagan sentir que la estás viendo? ¿Qué mierda es vivir en dignidad? Lo que sabemos, porque ya lo dijo el general, es que tenemos que buscar esa definición, de otra manera labraremos nuestra propia tumba.  

Bueno, hasta acá. No entiendo muy bien si hubo un hilo. Pero te agradezco haber llegado hasta acá. Lo charlamos, que somos dos o tres pero Queda Acá.  


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